La cumbia es un género musical folclórico autóctono de la Costa Caribe colombiana, con variantes de carácter igualmente folclórico en Panamá.

La cumbia surge del sincretismo musical y cultural de aborígenes, negros y, en menor escala, de los europeos en la región del delta del río Magdalena en la costa caribe colombiana, con epicentro en la región de la población de El Banco, Magdalena, hasta Barranquilla.

Es un ritmo popular en distintos países latinoamericanos, donde ha seguido distintas adaptaciones como la cumbia mexicana, argentina, peruana, entre otras.

Es originaria de la parte alta del valle del río Magdalena (Colombia), de la zona geográfica denominada Depresión Momposina, y aun más precisamente de la zona correspondiente al país indígena Pocabuy (incluidas las culturas de las sabanas y el Sinú) que estuvo conformado por las actuales poblaciones de El Banco, Guamal, Menchiquejo y San Sebastián en el Magdalena, Chiriguaná y Tamalameque en el Cesar y Mompós, Chilloa, Chimí y Guatacá en Bolívar.

Según el compositor José Barros, uno de los más ilustres cultores de la cumbia: “La cumbia nació en Colombia en el país de Pocabuy conformado por El Banco, Chiriguaná, Mompox, Tamalameque, Chilloa, Guamal, Chimí, Guataca. Pocabuy era un país indígena que se extendía a todo lo largo del río Tucurinca (actual Magdalena)”. Don Tomás Carrasquilla afirma: “los tamboriles y caramillos siguen y siguen; siguen la gaita colombiana, siguen el bombo…. Viene después el ‘perillero’, luego la ‘gaitera’ y otras danzas menos complicadas; en fin, esos padres de la cumbia“.

Los africanos que llegaron como esclavos a estas regiones, al contar la historia de sus grupos étnicos y aquellos hechos famosos dignos de guardarse en la memoria, se servían de ciertos cantos que distinguían con el nombre de “areítos”, que quiere decir bailar cantando: poniendo en alto los candiles, llevaban el coreo, que era como la lección histórica que, después de ser oída y repetida muchas veces, quedaba en la memoria de todos los oyentes. El centro del círculo lo ocupaban quienes daban la lección con el pie del canto y aquellos más duchos y peritos en el manejo de las guacharacas, millos, tambores y maracas, para entonar con la delicadeza la música de aquellos cantares que fueron pasando, con el tiempo, de ser elegiacos a entusiasmar, galantear, querellar y divertir.

La cumbia, aire musical que ha trascendido todas las fronteras y que ha dado tantas satisfacciones a la nación colombiana dentro y fuera de su territorio, es madre de muchos ritmos que hoy día se conocen y de los que se podría pensar nada tienen que ver con ella: porros, chalupas, bullerengues, chandés, paseos, sones, puyas entre decenas más.

La Cumbia y el Fandango, uno de sus derivados, son los únicos bailes populares que aún conservan aquel alumbrado, que en los bailes primitivos a cielo abierto no era otra cosa que las luces que servían de esplendor a las velaciones.

La Cumbia es una danza y ritmo con contenidos de tres vertientes culturales distintas, a saber: negra, blanca (española), e indígena, siendo fruto del largo e intenso mestizaje dado entre estas culturas durante la conquista y colonia de las tierras americanas. La presencia de estos elementos culturales se puede apreciar así:

Presencia de movimientos sensuales, marcadamente galantes, seductores, característicos de los bailes de origen africano. Las vestiduras tienen claros rasgos españoles, muy parecidas a las del actual flamenco: Largas polleras, encajes, lentejuelas, candongas, etc. Y los mismos tocados de flores y el maquillaje intenso en las mujeres. Las vestimentas de los hombres, por otro lado, son muy parecidas a las usadas en los encierros en el marco de las fiestas de San Fermín en Pamplona: camisa y pantalón blancos, un pañolón rojo anudado al cuello y sombrero. En la instrumentación están los tambores de claro origen africano, las maracas, el guache y los pitos (millo y gaitas) de origen indígena, mientras que los cantos y coplas son aporte de la poética española, aunque adaptadas luego…

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