A finales de la década de los setenta y comienzo de los ochenta, se genero una ola musical impresionante al punto tal que las discotecas no se daban abasto, mucha gente deseaba en sus matrimonios, bautizos, cumpleaños, reuniones sociales, etc., tener y bailar la música de moda, de ahí surgieron las minitecas. Las mismas comenzaron a manejar un alto nivel de tecnología en audio e iluminación similar, y en ocasiones superior, al de las discotecas. Sus disc-jockeys debían tener la capacidad de manejar todos los ritmos de moda para complacer a su público. Comenzaron a surgir una tras de otra al punto tal de que aún hoy día, a ciencia cierta se desconoce cuántas minitecas llegaron a existir en la década de los ochenta.

Comenzaron las guerras de minitecas con el fin de promocionarlas y darlas a conocer, naturalmente eran ovacionadas las mejores; estas guerras obligaban a estas grandes y potentes maquinarias musicales a invertir constantemente en tecnología, ya que al momento de entrar en escena se evaluaba todo; calidad y cantidad de sonido, presencia y aspecto, nivel de mezclas y rapidez en las mismas, nivel de improvisación de los disc-jockeys y técnicos de sonido, novedad musical (con que discografía sorprender y excitar al publico), etc.

A raíz de lo anteriormente expuesto surgió la necesidad (dentro de las variantes de imagen, improvisación e identificación), de resaltar el nombre y prestigio de la miniteca en cuestión; así como lo hacían y hacen aún las emisoras de radio; surgen los jingles, saludos o tips; en su gran mayoría realizados por los locutores de moda en la juventud de aquel entonces.

Mientras mas imaginativo, completo y creativo fuese el material identificativo, mayor el renombre, ahora no solo debían tener un buen disc-jockey, también se requería de un robusto, contundente e impactante material identificativo.

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Carlos Eduado “Charly” Ball

Pronto se extendería la tendencia, al punto tal, que existían minitecas como ZC; con identificativos de hasta 5 minutos aproximadamente, donde reseñaban sus giras, premios y respaldos de casas de sonido y emisoras de radio.

Igual sucedía con la miniteca Infierno, cuyas torres de cornetas y bajos superaban los 6 mts de altura, prácticamente dos pisos de altura de full potencia. Esta miniteca fue triple triunfadora en las guerras de minitecas y la caracterizaban, también, sus saludos largos, satánicos y estruendosos.

Dentro de las minitecas había una que se identificada con el nombre de  la estrella mas brillante de la constelación de Orión: Betelgeuse, una de las mas viejas, con saludos quizás no tan largos, pero si con un nivel tecnológico y de mixeo excepcional.

Ante esa ola tan impresionante generada en torno a las tendencias Disco de la época, las emisoras de radio también hicieron lo propio: capturar a las mejores minitecas de la época por medio de intercambio de publicidad y crear programas radiales encargados exclusivamente de difundir su música y mezclas; se creó entonces una alianza comercial entre emisoras y minitecas; en los saludos se hacía referencia siempre a qué circuito radial apoyaba a la miniteca, y a su vez las emisoras publicitaban las mezclas y eventos donde estaban sus minitecas apadrinadas; era impresionante, de verdad impresionante.

Una de las más populares emisoras de radio para la época era Caracas 750, que tenía alianzas con minitecas como Betelgeuse, Sandy Lane y New York People.

Tropical 990 con La Stereoteca y la voz inconfundible de Enrique Hoffman, era otra de las estaciones que establecía intercambio publicitario con las minitecas.

 Esta época también arrojó y consolidó locutores que aun hoy día están activos y son respetados, como por ejemplo; Valdemaro Martínez, Iván Loscher, Jesús Leandro, Carlos Eduardo “Charly” Ball, Enrique Hoffman, Alejandro Blanco, etc.

Sin lugar a dudas, las décadas de los setenta y los ochenta, sin discusión, son las décadas de oro de la música Disco, del Sonido, la Música, el Color…y de las Voces.


Carmelo S. Donzella P.. – Febrero 2006
D.J. y Espectador De Finales De Los 70
y Década De Los 80

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